"Mamita, la mestiza me llama"
En 1754, la indígena María Mueses y su hija Rosa fueron sorprendidas por una tormenta mientras regresaban a su casa en Potosí desde Ipiales. Buscando refugio entre las lajas —las grandes losas naturales de piedra del cañón del río— vivieron un episodio extraordinario: Rosa, hasta ese momento sordomuda, habló por primera vez para señalar la figura de la Virgen del Rosario en la roca y decir: “Mamita, la mestiza me llama…"
Cuando tanto las autoridades como los pobladores comprobaron la veracidad del relato, el hecho fue considerado un milagro por las autoridades eclesiásticas. El 15 de septiembre de 1754 la zona se convirtió en un punto de referencia espiritual para la región, incluyendo territorios del norte del Ecuador, y se emprendió la construcción del santuario.