Este monumento del Ángel del Agua se encuentra en el entorno del Santuario de Nuestra Señora de Las Lajas, encajado entre las montañas y el profundo cañón del río Guáitara. La escultura representa a un ángel de aspecto infantil, tallado en piedra clara, con alas extendidas y una expresión serena y contemplativa. El ángel sostiene un cántaro inclinado del cual brota continuamente agua, que cae suavemente sobre una pequeña fuente de piedra, invitando al recogimiento y a la fe.
La ubicación del monumento, rodeada de vegetación, rocas y el imponente paisaje andino, refuerza su carácter espiritual. Desde este punto se tiene una vista privilegiada del santuario, cuya arquitectura neogótica contrasta de manera majestuosa con la naturaleza agreste del cañón.
Según la tradición y la leyenda popular, el agua que fluye del cántaro del ángel es bendecida. Se dice que quienes se bañan con ella o se la aplican con fe reciben una bendición especial, ya sea de protección, salud o consuelo espiritual. Por esta razón, muchos peregrinos y visitantes llegan con botellas para llenarlas con esta agua, convencidos de su poder sagrado y llevándola como un símbolo de esperanza y devoción.
Así, el Ángel del Agua no solo es un elemento ornamental, sino un símbolo de fe viva, de la relación entre lo divino y la naturaleza, y de la profunda espiritualidad que caracteriza al Santuario de Las Lajas.




